El mercado global avanza a pasos agigantados hacia la electromovilidad y las tecnologías de energía limpia, lo que ha desatado una «fiebre global» por el litio, un mineral indispensable para las baterías de los autos eléctricos. En este escenario, un extenso informe de Mongabay Latam revela cómo las corporaciones de la República Popular China han logrado consolidar un control casi absoluto de las reservas en Latinoamérica, operando en el «Triángulo del Litio» (Argentina, Bolivia y Chile) y en México.
Esta agresiva expansión ha despertado las alertas geopolíticas de Estados Unidos, cuyo gobierno ha comenzado a autorizar convenios comerciales de emergencia con países de la región en un intento por financiar firmas norteamericanas y restar hegemonía al gigante asiático.
El corazón de la denuncia periodística y social radica en la completa falta de transparencia en las negociaciones. Los contratos, licitaciones y memorandos de entendimiento entre los gobiernos latinoamericanos y las empresas chinas se firman bajo cláusulas de confidencialidad que impiden el acceso a la información pública.
Pueblos originarios y comunidades indígenas (como los habitantes de Fiambalá en Catamarca, Argentina, o las comunidades de Las Salinas) denuncian de manera sistemática que tanto las transnacionales chinas como las autoridades estatales violan activamente el Convenio 169 de la OIT al omitir los procesos de Consulta Previa, Libre e Informada. Los intentos de titanes automotrices y de baterías (como la empresa china BYD) por adjudicarse contratos de extracción han tenido que ser frenados y judicializados, llegando en varios casos hasta las Cortes Supremas debido a estas flagrantes omisiones legales.
Los expertos ambientales consultados en la investigación advierten que los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) aprobados por los ministerios locales son deficientes, laxos e incompletos. El método de extracción de litio predominante en Sudamérica se basa en el bombeo de salmuera subterránea hacia gigantescas piscinas de evaporación. Este sistema consume millones de litros de agua al día en zonas áridas, lo que está provocando:
- Desecación acelerada de las cuencas hídricas locales.
- Fenómenos de hundimiento de suelo en los salares (pérdida de estabilidad geológica).
- Alteración irreversible del hábitat de especies endémicas y vulnerables.
La escasez de agua destruye la soberanía alimentaria de las poblaciones locales y agrava la pobreza estructural. Durante el desarrollo del informe, Mongabay Latam solicitó aclaraciones a las embajadas de China en México, Argentina, Chile y Bolivia; sin embargo, en una muestra de la política corporativa imperante, ninguna de las sedes diplomáticas respondió los cuestionamientos técnicos ni los pedidos de información.
