Escrito por Carmela Pérez Piscoya, directora de la Comisión de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos

Durante los conflictos armados o bélicos, se producen muchas acciones que impactan negativamente al medio ambiente, ya sea de forma directa o indirecta. Por ejemplo, las bombas nucleares (Hiroshima), la destrucción de cultivos (Ucrania) o la deforestación de zonas fuertemente forestadas (Vietnam) serían formas de afectaciones ecológicas directas, mientras que el uso excesivo de derivados de petróleo, o la fabricación masiva e insostenible serían formas indirectas.

Por otro lado, se pueden producir derrames de sustancias nocivas al medio ambiente, que pueden ocurrir de forma accidental o intencionadamente. Esto se ha podido observar recientemente en Siria y Afganistán, países ricos en recursos naturales derivados del petróleo. En este caso, se va a mencionar dos de los mayores derrames de petróleo de la historia, los cuales ocurrieron en medio de conflictos armados en el Golfo Pérsico, y ambos permiten ejemplificar cómo los conflictos bélicos ocasionan y empeoran las tragedias ecológicas [1].

El primer derrame de hidrocarburos sobre el que se va a tratar es el derrame de petróleo de Nowruz, que inició el 10 de febrero de 1983, y no pudo ser contenida en su totalidad hasta mayo de 1985 [2]. Según la CNN, esta filtración de hidrocarburos radica en el quinto puesto de los peores derrames de petróleo en toda la historia.

Este derrame sucedió en el Golfo Pérsico, Irán, tras la colisión de un camión cisterna con la plataforma petrolera, que, junto a la corrosión y a la falta de mantenimiento, provocó un derrame de 1 500 barriles al día, aproximadamente. En su momento, el derrame no pudo ser contenido debido a que se encontraba en medio de la zona de guerra del conflicto entre Irak e Irán. En marzo del mismo año, la plataforma fue atacada por las fuerzas aéreas iraquíes, provocando que se aumentara la filtración a una tasa de 5 000 barriles por día en fechas iniciales (posteriormente, la tasa se redujo a 1 500 barriles diarios en los dos años previos a que el pozo fuese tapado) [2]. Asimismo, la mancha resultante se incendió, provocando que la plataforma se consumiera. No fue hasta mayo de 1985 que se extinguió el fuego y se tapó el pozo con la ayuda de buzos, de los cuales, desafortunadamente 9 fallecieron como resultado de estas operaciones.

Se estima que se derramaron 733 000 barriles de petróleo como resultado de este incidente, y que la tasa de fugas de petróleo en el Golfo Pérsico a mediados de mayo de 1983 fue de entre 4 000 y 10 000 barriles por día debido a otras actividades relacionadas con la guerra o al colapso de las plataformas incendiadas [2].

Incluso en ese entonces, era posible observar cómo el conflicto armado obstaculizó enormemente los intentos por controlar el derrame de hidrocarburos. En un artículo publicado en el Washington Post el 31 de marzo de 1983, David B. Ottaway escribe:

El peor derrame de petróleo en la historia del Golfo Pérsico amenaza con convertirse en un gran desastre ecológico, porque las naciones en guerra de Irán e Irak no pueden ponerse de acuerdo ni siquiera en un alto al fuego parcial que permita a los técnicos tapar tres pozos petroleros marinos dañados»

David B. Ottaway (1983). Gulf War Block Efforts to Stop Large Oil Spill. The Washington Post. [3]

En esta cita (y en el texto completo del artículo) se puede observar cómo la falta de consensos y la incapacidad de colaboración internacional impidió que se tomaran acciones tempranas para evitar que este derrame se convirtiese en una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia humana. Según el artículo, la Organización Regional para la Protección del Medio Marino estuvo tratando de organizar un cese de hostilidades en toda la zona del Golfo Pérsico con el objetivo de poder colaborar en combatir la contaminación, pero, la momento de publicación del artículo, ni siquiera se había logrado que los países enfrentados asistieran a una reunión en conjunto. Esta obstaculización a la unión de esfuerzos resultó increíblemente preocupante para los países colindantes, ya que la expansión del derrame hasta las plantas de desalinización de Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes e incluso Arabia Saudí, pudo haber afectado seriamente las fuentes hídricas principales de estos países [3]. Asimismo, el artículo menciona cómo la falta de garantías para su seguridad estancaron los intentos de las organizaciones ambientalistas por controlar el derrame [3].

Este derrame de petróleo resultó catastrófico para el medio ambiente de la región, a pesar de contar con distintas organizaciones e instituciones y, eventualmente, los estados mismos intentando remediar los efectos del accidente. Evidentemente, esta no sería la realidad en caso de que un derrame de hidrocarburos fuese provocado deliberadamente, con acciones humanas intencionalmente generando daños al medio ambiente.

Desafortunadamente, esta es la realidad del segundo derrame de petróleo sobre el que se va a profundizar, un derrame de petróleo que simplemente es conocido como el “Derrame de petróleo de la Guerra del Golfo”, ya que la extensión de este vertido no estuvo contenido a un espacio geográfico de cierta forma reducido (como suele suceder con los derrames de hidrocarburos), sino que fue tan grande que es considerado como el mayor derrame de petróleo de toda la historia, con una tasa aproximada de entre 252 y 336 millones de galones de petróleo derramados [1].

Tras el inicio de la ofensiva por parte de las Naciones Unidas en Kuwait (realizada con el objetivo de evitar y detener la ocupación iraquí en este país), el 26 de enero de 1991, la prensa comenzó a informar que se estaban vertiendo grandes cantidades de petróleo crudo en el Golfo Pérsico [4]. Si bien reportes iniciales indicaban que el derrame se habría producido tras el hundimiento de dos buques petroleros por parte de las fuerzas americanas, posteriormente se reveló que, como parte de una táctica militar, las fuerzas iraquíes habían abierto las válvulas de petróleo del oleoducto Sea Island, liberando petróleo de numerosas cisternas [5]. Este vertido es una de las primeras veces en la historia militar que se utilizan recursos naturales, y, específicamente la polución y el deterioro ambiental, como estrategia de guerra y no como subproducto de otras acciones militares [5].

El objetivo de este derrame era impedir que las tropas estadounidenses pudieran desembarcar en la playa, pero resultó en el vertido de más de 240 millones de galones de petróleo crudo en el Golfo Pérsico. Las fuerzas iraquíes liberaron petróleo de ocho cisternas, una refinería, dos plataformas y un campo de reservas petroleras, además de cavar largas trincheras en la costa y llenarlas de petróleo [4]. En total, se aproxima que estos actos liberaron 11 millones de barriles de crudo de petróleo en el Golfo Pérsico, y que en los siguientes tres meses, petróleo continuó siendo filtrado en el Golfo a un ritmo de hasta 6 000 barriles por día [4].

Al igual que con el derrame de 1983, gran parte de los esfuerzos por controlar y limpiar el derrame de petróleo se vieron obstaculizados por las condiciones de violencia y la reconstrucción posterior. Asimismo, debido a la demora en iniciar los procedimientos de limpieza, es probable que “cientos de millones de barriles se hayan sumergido en la tierra de enero a noviembre de 1991”, debido a que, a pesar de que para fines de julio ya se había removido la mayor parte del petróleo flotante, hidrocarburos siguieron derramándose desde sedimentos costeros contaminados hasta más de un año después de finalizada la guerra [4].

El impacto ambiental que este suceso tuvo fue de dimensiones nunca antes vistas, tanto que la región aún sigue recuperándose de las repercusiones. En el momento de la polución, la industria pesquera de camarones fue prácticamente aniquilada, peces y otras especies marinas fueron afectados de forma incalculable, y el biológicamente diverso arrecife de coral del Golfo fue llevado al borde de la extinción [6]. En otras palabras, este derrame de hidrocarburos significó una catástrofe ambiental que provocó daños severos a todo el ecosistema del Golfo Pérsico, cuyos efectos aún se pueden observar en la degradación del arrecife de coral y la inestabilidad de la industria pesquera de la zona.

A modo de conclusión, en este artículo se ha expuesto cómo los conflictos armados agravan la problemática de los derrames de hidrocarburos, ya sea obstaculizando los procedimientos de remediación, o, en el peor de los casos, activamente generando tragedias ecológicas como parte de una estrategia militar. Los derrames de petróleo son un problema recurrente en todas las regiones en las cuales se extrae este recurso, y aún no contamos con una estrategia efectiva para remediar la degradación ambiental que estos producen. Ergo, no necesitamos que se dificulten o entorpezcan las labores de reparación ambiental o se generen nuevos obstáculos respecto a estas, ya que de por sí las guerras generan suficiente contaminación de por sí.

Bibliografía:

[1] CNN (4 de octubre del 2021). Los peores derrames de petróleo de la historia. CNN en Español. https://cnnespanol.cnn.com/2021/10/04/lpeores-derrames-petroleo-trax/

[2] US Department of Commerce (19 de julio del 2008). Nowruz Oil Field. Incident News. https://web.archive.org/web/20100513003226/http://www.incidentnews.gov/incident/6262

[3] David B. Ottaway (31 de marzo de 1983). Gulf War Blocks Efforts to Stop Large Oil Spill. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/archive/politics/1983/03/31/gulf-war-blocks-effort-to-stop-large-oil-spill/3a8f38a8-d8d2-4967-abb7-27d4344a58b1/

[4] Nick Barber (23 de noviembre de 2018). 1991 Gulf War Oil Spill. Stanford University. http://large.stanford.edu/courses/2018/ph240/barber1/

[5] Michael Castellani (NN). The Gulf War Oil Spill: A Man-made Disaster. Environment & Society Portal. https://www.environmentandsociety.org/tools/keywords/gulf-war-oil-spill-man-made-disaster

[6] Christopher C. Joyner & James T. Kirkhope (1992). The Persian Gulf War Oil Spill: Reassessing the Law of Environmental Protection and the Law of Armed Conflict. Case Western Reserve Journal of International Law. http://large.stanford.edu/courses/2018/ph240/barber1/docs/joyner.pdf