Escribe: Camila León

La alimentación es un aspecto clave para todo ser vivo. No es una novedad que, sin alimentos o, incluso, sin una dieta adecuada, puede generarse un notorio cambio en la calidad de vida de los seres que dependen de diversas fuentes de alimentación. Sin embargo, ello no quita el deber de ir más allá y conocer sobre el origen de los productos que ingerimos: también es relevante saber cuáles son las consecuencias de escoger uno u otro producto en nuestra dieta diaria.

Ahora bien, los derivados de fuentes vacunas, esto es, las carnes rojas y los productos lácteos, principalmente, constituyen uno de los alimentos más habituales en la vida cotidiana de personas de todas las generaciones, en (al menos) una gran parte del planeta. Sin embargo, la información sobre el impacto del consumo masivo de tales productos no es ampliamente conocida, con lo que pueden generarse situaciones de desconocimiento entre sus principales consumidores. En ese sentido, este artículo pretende ofrecer un breve planteamiento de esta problemática, a fin de llamar la atención sobre este tema cuya incidencia es clave, tanto en el cuidado de la salud humana, como en la preservación del medio ambiente.

Los productos de origen vacuno dejan graves estragos ambientales

De acuerdo con el estudio “Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers”, la industria alimentaria actual, que pretende atender a una población mundial de 7.6 billones de personas, ha llevado a la degradación de ecosistemas terrestres y acuáticos, agota los recursos hídricos y, además, contribuye al cambio climático [1].

Actualmente, la cadena alimentaria crea un aproximado de 13.7 billones de toneladas métricas de dióxido de carbono. De este total, 1.3 billones de toneladas métricas es creada por los rebaños de carne, los cuales usan, al menos, 950 millones de hectáreas de tierra [2]. Estas emisiones, a la larga, alteran la composición fáunica de los ecosistemas, reduce la biodiversidad y la resiliencia del medio ambiente [3].

En la misma línea, de acuerdo con un informe elaborado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas, “el alto consumo de carne vacuna y productos lácteos, especialmente en los países de mayor ingreso, está alimentando la crisis climática” [4].

En ese sentido, nos preguntamos ¿cómo es que los mismos animales vacunos impactan al medio ambiente? El ganado vacuno libera grandes emisiones de gas metano, uno de los gases de efecto invernadero (GEI) y, por otra parte, la deforestación y los incendios forestales (como los vistos en la Amazonía brasilera en 2019), se deben, muchas veces, a la búsqueda de tierras para realizar actividades ganaderas mediante la quema de espacios en los bosques [5].

Otra cifra preocupante consiste en que, según el IPCC, un 14.5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero son atribuibles a la agricultura animal (7,1 giga toneladas o GT). Un volumen ligeramente menor, 7 GT, es atribuible al transporte [6]. De esta manera, si bien siempre se ha llamado la atención sobre la contaminación producida por los medios de transporte que requieren de combustibles fósiles, es cuestionable que, precisamente, nuestra dieta diaria sea una fuente más potente de GEI.

La problemática con los animales vacunos es un asunto de salud pública y crueldad animal

Más allá de los impactos ambientales que se han venido señalando previamente, la producción desmedida del ganado vacuno también tiene impactos en las comunidades rurales y en los trabajadores del rubro. Según el estudio “Industrial Food, Animal Production and Community Health”, quienes residen cerca de ambientes de producción de alimentos suelen padecer de enfermedades como dificultades respiratorias, problemas de estrés o ánimo, afectaciones dermatológicas resistentes a medicamentos y la fiebre Q (que tiene síntomas equiparables a la fiebre común, pero es producida por el contacto con el ganado) [7].

Por último, no se debe olvidar que la necesidad de sostener la alimentación de una población extensa conlleva a intentar maximizar los métodos de producción, incluso por medio de técnicas que derivan en tratos crueles a los animales. A modo de ejemplo, el año pasado se originó una gran controversia en torno a la apertura de agujeros en los estómagos de vacas, de acuerdo con fotografías tomadas desde granjas ganaderas en Francia [8]. Se presume que el objetivo de tales agujeros en las vacas es “optimizar y regular su alimentación” [9]. Pese a ello, es cuestionable el bienestar de los animales que son objeto de la industria ganadera. 

Fuente: RPP. [10]

A manera de conclusión

Consideramos que es importante mantener un balance entre la preservación del medio ambiente y la satisfacción de las necesidades humanas de la población global. En efecto, es innegable que los productos de origen animal proporcionan nutrientes a la dieta del ser humano; sin embargo, estas necesidades deben ser ponderadas con otros factores que posibilitan y favorecen la vida de las personas (como un adecuado entorno), y el respeto de la existencia de otros seres vivos. La solución a esta problemática se encuentra en la búsqueda de equilibrios, así como en la innovación hacia nuevas fuentes alimentarias que sean más sostenibles y, a la  vez, no descuiden los valores y suplementos necesarios para que las personas puedan llevar una vida digna.

Adicionalmente, esta problemática debe abordarse desde una perspectiva general: en efecto, es innegable que existen fuertes intereses económicos detrás de la industria agraria y ganadera. No obstante, reiteramos que es necesaria la búsqueda de un balance entre los innegables (y, hasta cierto punto, positivos) provechos económicos producidos por esta industria (tanto para empresas como para los trabajadores individuales que laboran en este rubro), y el mantenimiento de condiciones óptimas de salud pública y de cuidado del medio ambiente.

Es importante señalar que, el medio ambiente debe ser entendido no solo como los suelos o los bosques en los que se desarrollan las actividades ganaderas, sino también a los mismos seres vivos que son objeto de tales actividades. En este caso en particular, es el ganado vacuno; sin embargo, deben considerarse la venta de otro tipo de productos animales hechos a base de pollos, cerdos, pescados, entre otros.

Es necesaria, así, la participación pública y privada para crear conciencia en toda la sociedad y, posteriormente, para impulsar y generar de políticas integrales dirigidas al mejoramiento de estándares para las industrias en cuestión. Únicamente por medio del respeto de los distintos modos de vida existentes, podrá lograrse un verdadero desarrollo sostenible para el planeta, y para todos los organismos que habiten en él.

Referencias

[1] Poore, J. & Nemecek, T. (2018). Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers. Science 360, 987–992 (2018). Recuperado el 17 de abril de 2020, de https://josephpoore.com/Science%20360%206392%20987%20-%20Accepted%20Manuscript.pdf.

[2] Poore, J. & Nemecek, T., op. cit.

[3] Poore, J. & Nemecek, T., op. cit.

[4] BBC News Mundo (2019).  Cambio climático: por qué el consumo de carne y lácteos tiene tanto impacto. Recuperado el 17 de abril de 2020, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-49279749.

[5] BBC News Mundo, op. cit.

[6] The Conversation (2019). Dejar de comer carne sí ayudará a salvar el planeta. Recuperado el 17 de abril de 2020, de https://theconversation.com/dejar-de-comer-carne-si-ayudara-a-salvar-el-planeta-111885.

[7] Casey, J. et al. (2015) Industrial Food Animal Production and Community Health. Curr Envir Health Rpt 2, 259–271 (2015). Recuperado el 17 de abril de 2020, de https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s40572-015-0061-0.pdf.

[8] RPP (2019). ¿Qué son los agujeros que les hacen a las vacas en el estómago? 20 fotos de esta polémica práctica. Recuperado el 17 de abril de 2020, de https://rpp.pe/mundo/actualidad/francia-que-son-los-agujeros-que-les-hacen-a-las-vacas-en-el-estomago-20-fotos-de-esta-polemica-practica-noticia-1205448.

[9] RPP, op. cit.

[10] RPP, op. cit.